No admitas en tu casa nada que sea feo

El Mundo · Jorge Bustos ·

Pretendían representar la realidad sin embellecerla, entendiendo por belleza el canon impuesto por Rafael, pero terminaron embelleciéndolo a su manera. Se veían a sí mismos...

Pretendían representar la realidad sin embellecerla, entendiendo por belleza el canon impuesto por Rafael, pero terminaron embelleciéndolo a su manera. Se veían a sí mismos como pintores realistas, pero terminaron amanerando clamorosamente la realidad al proyectar sobre ella sus aspiraciones y rechazos, que son la horma de nuestra sensibilidad.

Conocíamos los nombres y reconocíamos el estilo, pero ignorábamos el protagonismo femenino del movimiento. La sala Mapfre expone estos días la obra de las prerrafaelitas, y uno sale de allí concediéndoles inevitablemente el título de pioneras. Pero no tanto en sentido social, que también (fueron la avanzadilla de la emancipación burguesa en la era industrial), sino como precursoras de una estética hoy hegemónica. Digamos que nuestro mundo instagrámico e iaizado (de IA) tiene mucho de simulacro prerrafaelita.

En origen el prerrafaelismo es un nacionalismo, concretamente inglés. A los ingleses conviene escucharles cuando hablan de estética, aunque en esta materia un español siempre tenderá mediterráneamente a conferir superioridad a los italianos. Por eso no es fácil entender la aversión de estos estetas victorianos a Rafael, que para Stendhal establece el canon pictórico. Pero los ingleses lograron una vez más imponer su gusto, de manera que hoy lo que cuesta explicar es la sublimidad de la Sagrada Familia del cordero, mientras que cualquier turista cabecea dulcemente ante un cuadro de Dante Gabriel Rossetti.

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