Un cenote brutalista en Yucatán
La Vanguardia · Begoña Corzo Suárez ·
Antes de que exista una puerta que cruzar, hay un árbol. Es un álamo, especie que, según la tradición yucateca, señala la proximidad de acuíferos subterráneos. Bajo su sombra, un vestíbulo a cielo abierto con cuerpo de agua recibe al visitante como un preludio, en recuerdo de los rituales mayas que precedían el descenso a los cenotes, una forma de preparar el cuerpo y la mirada para lo que vendrá. Es la primera pista de que Casa Gruta en Valladolid (Yucatán, México) no se pensó como una sucesión de habitaciones, sino como un recorrido.
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