La venganza del sofá de flores: cómo un clásico de nuestras abuelas se volvió a poner de moda

El País · Diego Parrado ·

El sofá con estampado floral o ‘chintz’, que surgió en plena Revolución Industrial y tuvo su canto del cisne en los ochenta, resurge para plantar cara a la era minimalista

El sofá con estampado floral o ‘chintz’, que surgió en plena Revolución Industrial y tuvo su canto del cisne en los ochenta, resurge para plantar cara a la era minimalista

Todo vuelve: hay muebles que se cobran su particular venganza después de años condenados al ostracismo, y la del sofá de flores empieza a parecer digna del conde de Montecristo. Su sentencia de repudio la podríamos fechar hace ahora exactamente treinta años, cuando el gigante Ikea se presentó al mercado británico con un anuncio en el que, bajo el lema “¡Tirad el chintz!” (esa tela con estampada tan ligada al gusto inglés), se exhortaba al público a deshacerse de sus “muebles de la abuela”. Coreando ese grito de guerra, las mujeres del spot empezaba a despojarse de las antiguallas de sus casas; entre ellas, un florido sofá que luego, después de que estas furias del estilo escandinavo lo arrojasen a un contenedor, quedaba reemplazado por uno liso y austero en rosa apagado.

Allí quedó olvidado los años siguientes —junto a otros desfases como los tapetes de ganchillo—, pero la venganza se sirve fría. En los últimos tiempos, este tipo de sofá ha ido infiltrándose de nuevo en el hogar, primero con subterfugios (los cojines de flores que la madre de este redactor fue colocando poco a poco sobre su sofá blanquísimo, por ejemplo) y amenazando luego con apoderarse totalmente del salón.

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