Montenegro: la belleza veneciana y mediterránea de uno de los países más pequeños de Europa

El Mundo · José Luis M. Vadillo ·

Cuesta creer que todavía hoy exista en Europa un país tan radicalmente singular, que permanece ajeno a la ola globalizadora como si se tratara de una aldea gala en el Imperio...

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Cuesta creer que todavía hoy exista en Europa un país tan radicalmente singular, que permanece ajeno a la ola globalizadora como si se tratara de una aldea gala en el Imperio Romano. Un lugar al que no han llegado McDonald's, ni Starbucks (¿pero esto qué es?) y que a la vez está a sólo tres horas de vuelo de Madrid y cuya moneda local es el euro. Montenegro es una pequeña píldora con una gran carga concentrada en su interior: toda su población equivale a la ciudad de Sevilla. Para recorrerlo de punta a punta por la costa bastarían tres horas en coche, tomando algún ferri para evitar los recovecos de la bahía de Kotor. Lo que hace falta es tomarse el viaje con especial calma para descubrir, primero, y paladear, después, las singularidades que fueron dejando a su paso otomanos, venecianos y austrohúngaros, desde palacios a kebab, de minaretes a iglesias ortodoxas, y siempre mirando al mar Adriático.

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