Borges visto por Bioy Casares: una intimidad (otra vez) al descubierto
La Vanguardia · Patricio Pron ·
De todos los motivos por los que dos escritores comienzan a trabajar juntos, el de Bioy Casares y Borges fue posiblemente el menos prometedor: escribir un folleto sobre la leche cuajada. Bioy tenía veintiún años de edad; Borges, treinta y seis: era 1935 y se habían conocido en casa de Victoria Ocampo cuatro años antes. ¿Cuánto hay para decir sobre el requesón? Desde luego, mucho si quienes lo hacen son dos de los escritores argentinos más importantes del siglo XX; en su “estudio dietético sobre las leches ácidas”, Borges y Bioy se complotaron para citar a Iliá Méchnikov, George Bernard Shaw y el Deuteronomio, narrar los hábitos alimenticios de los calmucos y unos improbables “mpseni” del África Central y proveer a los lectores de eslóganes publicitarios tan poco memorables como el siguiente: “‘Quien tiene salud tiene esperanza y quien tiene esperanza tiene todo’, dicen los árabes, esos musculosos halcones del desierto, pero ellos tienen detrás de la esperanza algo que lucha por su salud: la leche cuajada”.
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