La fiebre por las tierras raras amenaza el futuro del pueblo sami en Suecia
El País · Lorraine Delorenzo ·
La comunidad indígena de Gabna denuncia que un nuevo proyecto minero puede bloquear su última ruta de pastoreo y poner en peligro una forma de vida transmitida durante generaciones
La comunidad indígena de Gabna denuncia que un nuevo proyecto minero puede bloquear su última ruta de pastoreo y poner en peligro una forma de vida transmitida durante generaciones
Bajo las tierras donde el pueblo indígena sami pastorea sus renos, en el norte de Suecia, se ocultan cerca de 2,2 millones de toneladas de óxidos de tierras raras; el yacimiento más grande de su tipo en Europa. Mientras el Gobierno impulsa su explotación para reducir la dependencia de Europa de la importación de China de esta materia prima, los sami alzan la voz. Temen que un proyecto de expansión minera de la empresa estatal LKAB amenace su forma de vida ancestral y parta en dos las tierras de pastoreo de la comunidad sami de Gabna. “Muchos se marchan a Estocolmo, a Gotemburgo o a otros lugares porque ya no pueden seguir viviendo aquí. Ya no pueden continuar practicando su cultura y se han visto obligados a marcharse por culpa de las minas”, ha denunciado Lars-Marcus Lilja Kuhmunen, líder de la comunidad, durante el evento Rare Earths: Minerals for War, organizado en Barcelona a finales de octubre.
Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos esenciales para numerosas tecnologías y para la transición energética. Con ellas se fabrican desde teléfonos móviles, motores eléctricos y turbinas eólicas hasta sistemas militares. Su importancia las ha situado en el centro de una creciente disputa económica y geopolítica internacional. China concentra cerca del 70% de la extracción mundial de tierras raras y alrededor del 90% de su procesamiento. Para reducir esa dependencia, la Unión Europea se ha fijado el objetivo de extraer en su territorio al menos el 10% de las materias primas estratégicas que consume en 2030. La exploración minera en las tierras sami puede acelerar los acuerdos para reducir la dependencia europea.