Testigos del horror de Putin
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La matanza de Komyshuavakha muestra lo que supondría imponer a Ucrania una paz en los términos de Putin. A pocos días de que se reanuden las negociaciones en Abu Dabi, donde...
La matanza de Komyshuavakha muestra lo que supondría imponer a Ucrania una paz en los términos de Putin. A pocos días de que se reanuden las negociaciones en Abu Dabi, donde existe el riesgo de que Washington convierta su mediación en un ejercicio de presión para que Kiev capitule, la aviación rusa ha lanzado una bomba de tres toneladas sobre un refugio lleno de civiles. Volodímir Zelenski denunciaba ayer en Madrid la mayor masacre en un solo día de la guerra, una matanza con un centenar de víctimas mortales que EL MUNDO documenta hoy en exclusiva. El presidente ucraniano pidió una reacción internacional que se antoja más necesaria que nunca ante la brutalidad de Moscú: «Por favor, no permanezcáis en silencio».
La secuencia de los bombardeos exige una investigación por crímenes de guerra. Los vecinos Komyshuavakha -una aldea del sureste de Ucrania- habían acudido a un antiguo colegio a recoger ayuda humanitaria. Tras el primer ataque, muchos bajaron al refugio subterráneo, donde los alcanzó el segundo. Javier Espinosa, primer corresponsal internacional en llegar al lugar, da testimonio en nuestras páginas de cómo los drones rusos sobrevolaban los escombros de la terrible masacre. La ONU ya ha calificado de delitos de lesa humanidad los ataques con drones contra civiles en otras zonas del frente. El ataque de Komyshuavakha debe investigarse como parte de ese patrón.
Los próximos 10 y 11 de noviembre, EEUU mediará entre Kiev y Moscú en Abu Dabi. Putin llega a la cita dispuesto a obtener en la mesa lo que su ejército no ha logrado en el frente. Si la Administración Trump presiona a Zelenski para que acepte las exigencias territoriales rusas sin garantías de seguridad, estará ayudando al Kremlin a imponer la rendición de Kiev y a conservar la capacidad de reanudar la ofensiva cuando le convenga.
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