Huelga general
La Vanguardia · Sandra Barneda ·
Catorce años. Ese es el tiempo que separa dos huelgas generales. Mucho tiempo para seguir en reclamaciones similares. En el 2012, el miedo tenía una forma reconocible: perder el trabajo, la casa, lo que se había conseguido. La calle se llenó para decir que no se podía pedir sacrificios siempre a los mismos. ¿Qué ha cambiado? Ahora el miedo ha amplificado su horizonte. No siempre consiste en quedarse sin empleo, sino en tenerlo y comprobar que no basta. No tener suficiente para vivir. En cobrar a fin de mes y no poder vivir cerca del trabajo. En hacer planes sabiendo que el alquiler puede subir o que el contrato quizá no continúe.
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