Raquel Carrera, 58 años, pescadera en Llançà: “Nuestra misión no es crecer muchísimo, es mantenernos y poder vivir de nuestro trabajo en el pueblo”
La Vanguardia · Joel Sáez ·
Cuando Raquel Carrera abrió su pescadería en Llançà (Alt Empordà) en 2017, no imaginaba que apenas dos años después tendría que buscar una alternativa para mantener el negocio. Formada como ingeniera técnica industrial, había trabajado durante varios años en la industria antes de abrir, en 2005, una tienda de náutica dedicada a la venta de artículos de pesca y complementos para embarcaciones. Con el tiempo decidió transformar uno de sus dos locales en una pescadería, un oficio que hasta entonces conocía principalmente por la familia de su marido, Jordi, vinculado al mar y descendiente de cinco generaciones de pescadores. Sin embargo, las dificultades no tardaron en llegar. La venta de pescado fresco resultaba insuficiente, los números no cuadraban y la continuidad del establecimiento empezaba a peligrar. Fue entonces cuando la pareja decidió recuperar una antigua técnica familiar de salazón de anchoas que habían practicado los abuelos de Jordi, una actividad que acabaría cambiando el rumbo del negocio.
Profesiones
La propietaria de la pescadería Semprecalma, en la Costa Brava, encontró en la elaboración artesanal de anchoas una alternativa para mantener abierto el negocio familiar ante las dificultades para vivir de la venta de pescado fresco
Cuando Raquel Carrera abrió su pescadería en Llançà (Alt Empordà) en 2017, no imaginaba que apenas dos años después tendría que buscar una alternativa para mantener el negocio. Formada como ingeniera técnica industrial, había trabajado durante varios años en la industria antes de abrir, en 2005, una tienda de náutica dedicada a la venta de artículos de pesca y complementos para embarcaciones. Con el tiempo decidió transformar uno de sus dos locales en una pescadería, un oficio que hasta entonces conocía principalmente por la familia de su marido, Jordi, vinculado al mar y descendiente de cinco generaciones de pescadores. Sin embargo, las dificultades no tardaron en llegar. La venta de pescado fresco resultaba insuficiente, los números no cuadraban y la continuidad del establecimiento empezaba a peligrar. Fue entonces cuando la pareja decidió recuperar una antigua técnica familiar de salazón de anchoas que habían practicado los abuelos de Jordi, una actividad que acabaría cambiando el rumbo del negocio.
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