La amazona alemana que ha ganado cuatro oros olímpicos priorizando la felicidad de sus caballos

El País · Belinda Saile ·

Visitamos a Jessica von Bredow-Werndl en sus establos de Baviera, donde nos descubre lo que ha aprendido de sus animales y su método de entrenamiento: “La verdadera conexión surge cuando la confianza se vuelve mayor que el control”

Visitamos a Jessica von Bredow-Werndl en sus establos de Baviera, donde nos descubre lo que ha aprendido de sus animales y su método de entrenamiento: “La verdadera conexión surge cuando la confianza se vuelve mayor que el control”

Jessica von Bredow-Werndl avanza por el prado y se funde, como una más, con la pequeña manada: cuatro yeguas y sus potros. Nos presenta a Dalera, con la que la amazona alemana ha ganado los dos últimos Juegos Olímpicos en la disciplina de doma clásica. La pareja, que intercambia mimos una fresca mañana de finales de septiembre, consiguió cuatro oros, dos individuales y dos por equipos, en Tokio 2020 y en París 2024. La potra de Dalera, Dolce Vita, se ha convertido ya en una estrella de la cuenta de Instagram de la deportista. Curiosa, se acerca a saludar. Ninguno de los animales muestra recelo. Más bien lo contrario. “Quiero tratar a los caballos de igual a igual”, había dicho poco antes, distanciándose de la idea de que domar un caballo es sinónimo de someterlo.

En la hípica —el único deporte olímpico que no tiene pruebas separadas por sexo—, el talento, la técnica, la preparación física y la fuerza mental del deportista son solo la mitad de la ecuación. La otra mitad es el caballo, con su propio talento, su propia condición física y su propio carácter. Son compañeros, pero no hablan el mismo idioma. La doma clásica añade otro nivel de dificultad. En competiciones de salto rigen solo criterios objetivos: se cuentan los derribos y el tiempo. En la doma, los jueces valoran no solo la parte técnica de los ejercicios, sino también lo que el reglamento de la Federación Ecuestre Internacional (FEI) define como armonía, ligereza y facilidad de movimientos. “Mi meta es alcanzar una simbiosis con el caballo”, dice Von Bredow-Werndl (Rosenheim, 40 años). “La ligereza no se puede fingir. No es fácil lograrla, pero trabajo para que sea fácil. No solo que lo parezca, sino que lo sea de verdad”.

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