¿Y si el mar Egeo se llamara Egea? Las mujeres borradas de la historia

El País · Emily Hauser ·

El mar Egeo lleva el nombre de un hombre blanco. ¿Por qué no el de la guerrera africana que murió en sus aguas? Porque, a pesar de que ellas estuvieron ahí, no se elegía recordarlas, escribe Emily Hauser, discípula de Mary Beard, en ‘Mítica’, ensayo del que ‘Ideas’ adelanta un extracto

El mar Egeo lleva el nombre de un hombre blanco. ¿Por qué no el de la guerrera africana que murió en sus aguas? Porque, a pesar de que ellas estuvieron ahí, no se elegía recordarlas, escribe Emily Hauser, discípula de Mary Beard, en ‘Mítica’, ensayo del que ‘Ideas’ adelanta un extracto

Siempre me ensenaron que el mar Egeo llevaba el nombre de un hombre blanco. “El Egeo”, esa palabra comodín para referirse a Grecia y a las islas esparcidas entre ella y la costa occidental de Turquía, unidas por la extensión azul que reluce entre ambas. Egeo, según me contaron, se precipitó a la muerte desde los acantilados atenienses cuando creyó que el Minotauro había matado a su hijo Teseo, y así dio nombre al mar en que se ahogó.

Pero mientras desenterré otro nombre: Egea. Según las fuentes históricas antiguas que descubrí, Egea era una amazona, y africana, de Libia, una gran guerrera y reina que surcó los mares con sus amazonas para luchar en Troya. Saqueó las ciudades de Anatolia y las alturas de Troya azotadas por el viento, arrebató un botín al rey Priamo o a su padre Laomedonte mucho antes de que llegaran siquiera los griegos y emprendió el viaje de vuelta a su hogar libio con su ejército. Pero en el trayecto —en esta odisea particular suya—, su barco se hundió, y ella y su ejército hallaron su acuática sepultura. Y así, según un historiador romano del siglo II d. C., el mar Egeo recibió su nombre.

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