El oro mundial de la española Ai Tsunoda y una historia de amor en Japón: "Ya no estoy sola, es un camino a dos"
El Mundo · Javier Sánchez ·
Cuenta la leyenda japonesa que Orihime, hija de un dios y tejedora, se enamoró de Hikoboshi, un pastor de estrellas. Todo bien. Pero se gustaron tanto, tanto, que fue demasiado;...
Cuenta la leyenda japonesa que Orihime, hija de un dios y tejedora, se enamoró de Hikoboshi, un pastor de estrellas. Todo bien. Pero se gustaron tanto, tanto, que fue demasiado; típica constricción religiosa. Orihime dejó de tejer, Hikoboshi abandonó su ganado y el padre de ella decidió separarlos y enviar a cada uno a un lado de la Vía Láctea. Desde entonces, solo pueden verse una vez al año, la séptima noche del séptimo mes.
Por eso, cada julio, al día 7, Hiratsuka, una ciudad de la prefectura de Kanagawa, a una hora en tren de Tokio, se viste de fiesta. El Tanabata llena sus calles de flores, adornos de papel, conciertos y puestitos de comida. Una celebración preciosa. ¿Qué tiene que ver con el deporte? Que precisamente allí vive Ai Tsunoda, reciente campeona del mundo de judo y una de las principales bazas españolas para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, y que también tiene una historia de amor como la de la tejedora Orihime. Más o menos.
Del dojo familiar de Lleida a Hiratsuka
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