Crumble de manzana, la receta de un clásico con el mínimo esfuerzo

El País · Mikel López Iturriaga ·

Pocos postres dan tanto y piden tan poco como el británico: pelas unas manzanas, mezclas unos pocos ingredientes, horneas y ya tienes una maravilla

Pocos postres dan tanto y piden tan poco como el británico: pelas unas manzanas, mezclas unos pocos ingredientes, horneas y ya tienes una maravilla

El crumble es un postre humilde que nació de la escasez. Mientras llovían las bombas alemanas sobre Gran Bretaña en la II Guerra Mundial, hornear unas simples manzanas con unas migas (crumbs) hechas con harina, azúcar y mantequilla se convirtió en una manera de evocar dulces de tiempos mejores, inviables en pleno racionamiento. La idea no era nueva, porque las primeras recetas escritas son de principios del siglo XX, y en Estados Unidos y Canadá ya existía algo parecido llamado apple crisp, pero tuvo tanto éxito que el postre perduró una vez derrotados los nazis.

Desde entonces, el crumble de manzana se ha podido enriquecer con otros ingredientes como avena, nueces o especias, pero ha conservado su principal virtud: la de dar mucho (gusto) y pedir poco (trabajo). Basta con pelar y picar unas manzanas, mezclar unos pocos ingredientes básicos y meter al horno para que trabaje él. Otra ventaja es que es fácilmente adaptable a tu gusto: puedes usar distintos frutos secos y especias, manzanas más dulces o más ácidas, o incluso cambiar de fruta y ponerle ciruelas, peras, arándanos, fresas o frutos rojos. El helado para acompañar es opcional, pero recomendable. Para ver cómo se prepara, mira el vídeo de arriba.

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