“La empresa es como una hija. Puedo soltar, pero olvidarme...”: el relevo tranquilo de Nani Marquina

La Vanguardia · Begoña Corzo Suárez ·

Nani Marquina no se imaginaba en el Empordà. Veraneaba durante décadas en Eivissa, una casa maravillosa pero con muchos achaques: el generador, el gasto interminable. “Quizás hay que empezar a pensar en mudarse”, recuerda que se dijo. Una día la llamó su marido, el fotógrafo Albert Font: había una casa que tenía que ver. Al llegar a la puerta, aquello le pareció una urbanización. “¿Tú estás loco? ¿A mí me ves aquí? –le espetó–. No entro”.

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