Formentor es nuestro Ostende
La Vanguardia ·
En julio de 1936, mientras Europa se precipitaba hacia la catástrofe, un puñado de escritores cuyos libros se habían prohibido en Alemania se reunió en la localidad belga de Ostende. Stefan Zweig le pagaba el hotel a Joseph Roth, y Roth le devolvía el favor leyendo sus manuscritos sin indulgencia: tachaba metáforas, discutía adjetivos y hasta escribió alguna cuartilla que su amigo no lograba terminar. Volker Weidermann reconstruyó aquel encuentro en un libro: Ostende. 1936, el verano de la amistad. Allí cuenta la historia de estos y otros escritores que perdieron sus editoriales, sus lectores, su país y, aun así, desde esa playa, sostuvieron la posibilidad de seguir haciendo literatura en común.