Comemos cordero y gambas, pero nos asquean el mono o los insectos: ¿quién decide qué es comida?

El País · Juanjo Villalba ·

Pajaritos fritos, foie gras, ranas... ciertos alimentos nos provocan rechazo, ya sea por crueldad, por asco o por tabú, pero ¿qué determina exactamente si son aceptables o no?

Pajaritos fritos, foie gras, ranas... ciertos alimentos nos provocan rechazo, ya sea por crueldad, por asco o por tabú, pero ¿qué determina exactamente si son aceptables o no?

Cuando era niño hubo una imagen relacionada con la comida que se me quedó grabada en la mente. Se trataba de unos sesos de mono servidos directamente en el cráneo del animal que aparecen en la escena del banquete del marajá de la película Indiana Jones y el templo maldito. Un ágape terrorífico en el que también se servían escarabajos gigantes, serpientes vivas o una sopa de ojos que, al removerla, miraba fijamente a la protagonista femenina, Willie Scott.

Todo un choque de culturas se producía en esa escena. Lo que para el marajá y su camarilla era un desfile de exquisiteces, para Indy y sus amigos era un duro trance a sobrellevar para no quedar mal ante la autoridad. Ampliando un poco más el foco, lo cierto es que existen multitud de alimentos que nos resultan repugnantes simplemente porque, en nuestra opinión, no son comida. Otros nos despiertan un rechazo extremo porque asociamos su producción con el sufrimiento animal, o su extracción provoca problemas ecológicos, humanitarios, sanitarios o todos los anteriores.

Read the full story at El País · All coverage of this story